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Para luchar contra el capitalismo hay que luchar contra el sindicalismo: ¡contra el espectáculo sindical del primero de mayo!

Posted in Todo by gslweb on abril 30, 2009

Este primero de mayo, como tradicionalmente ocurre, las calles verán pasar sobre ellas a miles, a millones de explotados de todo el mundo. Por desgracia también, veremos como la gran mayoría de ellos no recorren las calles agrupados como clase, sino como meros individuos alienados, como actores secundarios en la farsa montada por los sindicatos.

Una vez más, veremos como lo que predomina no será la autonomía proletaria, la afirmación del proletariado como sujeto revolucionario que lucha por destruir al Estado y la propiedad privada, por negar su propia condición como clase, aboliendo al sistema de clases. Muy por el contrario, de lo que tendremos que ser testigos es del espectáculo sindical y su tradicional fiesta anual en la que nos llama a conmemorar el trabajo, es decir, a glorificar esa mercancía que tenemos que poner en venta a los capitalistas para poder pseudo-vivir en este sistema, a celebrar nuestra propia condición de explotados, de oprimidos, de seres incapaces de controlar nuestras propias vidas hoy subordinadas a los intereses y las necesidades del capital.

Veremos a sindicalistas e izquierdistas de todo tipo hablarnos por igual de luchar por “salarios dignos”[1], como si el ser asalariado, como si el poner nuestra fuerza de trabajo a disposición de las necesidades inhumanas del capital pudiera ser algo digno. Les veremos hablar de luchar por una “distribución justa de la riqueza”, como si el capitalismo no fuera precisamente la consagración de la desigualdad y del robo legalizado de la burguesía al proletariado.

Pero como la crisis capitalista amenaza con barrerlo todo, y como las condiciones de vida de los proletarios son cada vez más alarmantes y la desesperación está haciendo surgir por distintos puntos del globo luchas que se salen del control de los aparatos sindicales (como en Grecia), los sindicatos han tomado cartas en el asunto, por ello lo que veremos este año no será sólo fiesta y carnaval y las tradicionales procesiones cuasi-religiosas, sino también discursos más “combativos” y “radicales” por parte de los sindicalistas para mantener el encuadramiento de las luchas proletarias, para prevenir brotes de rebeldía contra estas estructuras de control y de boicot que son los sindicatos.

La realidad es que por más “combativos” que sean sus discursos, el sindicato no tiene una contradicción con el capital, porque su estructura y sus miembros se alimentan de la propia explotación capitalista al expropiar a los proletarios una parte de sus salarios vía cuotas sindicales, porque se ven beneficiados con una parte de la tasa de ganancia capitalista, porque en resumen forman parte esencial de la democracia, de la dictadura del capital.

Los sindicatos y la izquierda del capital podrán convocarnos a enfrentar tal o cual política de alguno u otro empresario o gobierno en particular, pero nunca  a enfrentar al sistema capitalista en general, a sus bases, a sus raíces mismas, porque toda iniciativa que surja de esas estructuras de control intentará siempre, invariablemente, reconciliar al proletariado con el capital, o lo que es lo mismo, a los explotados con sus explotadores, a las victimas con sus victimarios.

Este será otro año más en que los sindicalistas de todo pelaje nos digan que es necesario celebrar el trabajo, visto éste desde la cosmovisión burguesa de esos personajes como actividad digna de ser celebrada, como acción por la cual nos debiésemos sentir orgullosos de realizar. Y si intentan hacernos sentir tal orgullo es porque ven en esa actividad el elemento más indispensable para la reproducción de la sociedad de clases, para el buen funcionamiento de la sociedad mercantil de la cual se ven beneficiados como burócratas profesionales administradores de la venta de esa mercancía tan indispensable para el capital llamada trabajo.

El trabajo[2] (la actividad alienada, opresiva y explotada) no está en contradicción con el capital sino en complemento con el mismo, son dos elementos indispensables para que pueda funcionar el capitalismo como sistema, por tanto, lo que está en contradicción con este sistema no es el trabajo, sino la actividad humana, la cual sólo puede desplegarse en un sociedad libre (libre humana, no mercantilmente), que dirija sus fuerzas, conocimientos y energías a la producción de bienestar y placer verdaderamente humano.

No veremos, por supuesto, que desde la estructura sindical se intente clarificar el verdadero sentido de esos conceptos burgueses que tanto se encargan de ensalzar, pues los partidos y los sindicatos,  tienen por objetivo inherente a su propia existencia el que los proletarios afirmemos y no que acabemos con nuestra explotación.

En lugar de ser herramientas que ayuden a construir la unidad y la autonomía del proletariado, esos aparatos de control son los principales obstáculos para la realización de tales objetivos, por eso es que siempre nos invitarán a defender causas que oxigenan al capital, que le dan vida, como ya hacen un sinnúmero de organizaciones sindicales y partidistas en México (UNT, FSM, SME, PRD, etc.) al llamarnos a defender a la mega-mafia organizada que es el sindicato minero. Este sindicato viene utilizando como carne de cañón a los mineros, a quienes utiliza y los pone al frente para que sean ellos quienes reciban la represión del Estado, con el fin de defender y tratar de liberar al jefe de esta mafia (una mafia tan burguesa y enemiga del proletariado como lo es la del Estado y los asesinos dueños de la mina), el heredero del trono sindical Napoleón Gómez Urrutia, claro está, todo esto encubierto con el discurso de la “autonomía y la democracia sindical” y la defensa de las condiciones laborales y de vida de los trabajadores.

Todas las estructuras del capital, son un obstáculo para la constitución del proletariado en clase revolucionaria mundial, por ello nos hablan de la supuesta necesidad de defender la economía y la soberanía del país y las empresas nacionales. El sindicato no puede negar consecuentemente el nacionalismo (arma ideológica de nuestros explotadores) porque finalmente su lógica y su propia existencia están irremediablemente condicionadas por la vida  y la existencia misma del Estado-nación.

La única alternativa real para que los proletarios podamos enfrentar la explotación capitalista es organizar la lucha contra este sistema asesino e inhumano directamente, por fuera y en contra de todas las estructuras e instituciones burguesas. Para esto es necesario levantar la voz y combatir abiertamente la falsa idea de que “la lucha sindical es igual a lucha proletaria”, idea con la cual pretenden hacernos creer la también falsa concepción de que el sindicato son los trabajadores afiliados al mismo, y no una estructura especifica jerárquica con una lógica basada (aunque sea un “sindicato de base”) en la división burguesa de dirigentes/dirigidos, y que no puede, aunque lo quisiera, ir más allá de tratar (en el mejor de los casos) de mitigar un poco la explotación, pero siempre dejándola en pie.

¡Contra el capitalismo, sus defensores y sus falsos críticos!

¡Por el comunismo, por la anarquía!

______________

Notas

1. El proletariado tiene la necesidad vital de luchar por tratar de mejorar, aunque sea relativamente, sus condiciones de vida dentro del capitalismo, por tanto las luchas por aumentos salariales son naturales y necesarias para nuestra clase, sin embargo, hay una gran diferencia entre reconocer la necesidad de luchas parciales y el hablar de “salario digno”, concepto que sirve a los sindicatos precisamente para tratar de ocultar la necesidad que tienen los proletarios de destruir al capitalismo, y por tanto el sistema de esclavitud asalariada, y se intenta vender la idea de que el salario puede ser algo digno u otorgar dignidad a quien lo recibe.

2. El origen etimológico de la palabra “trabajo” proviene del latín “tripalium” (tres palos). El tripalium era un instrumento de tortura construido con tres (tri) palos (palium) en donde se amarraba a los esclavos para azotarlos. Tripalium derivó inicialmente en “tripaliare” (torturar) y, posteriormente, en “trebajo” (esfuerzo, sufrimiento, sacrificio). Trebajo finalmente evolucionó hacia trabajo. Lo mismo ocurrió en francés, lengua en la cual tripalium derivó en travail (trabajo). Fuente: http://www.elcastellano.org/palabra.php?q=trabajo

– Grupo Socialista Libertario

– Combate Libertario

Mayo 2009.

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18 comentarios

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  1. humberto amaya said, on mayo 1, 2009 at 12:34 am

    hola, sí estoy de acuerdo, para combatir el capitalismo se tiene que combatir contra el sindicalismo

    • Juan Gomez said, on mayo 2, 2009 at 12:51 pm

      Al parecer el nuevo GSL ha marcado mucha distancia de lo que fue la ACL (y ahora OPAR, creo.

      La antigua ACL inició el recorrido desde el comunismo libertario de matriz plataformistas y publicaba textos interesantes y positivos para el debate de los anarquistas organizados en América Latina, que planteában la construcción de una política libertaria desde las bases, insertado en espacios estudiantiles, campesinales, y sindicales de base, es decir dentro del campo popular. Eso era real y concreto.

      Ahora al suscribir posiciones “anti-sindicalistas” sin más, se alinean con la denominada corriente “insurreccionalista” que integra a su discurso lo espectacular del radicalismo “anti-todo” y además agrega conceptos sacados del consejismo.

      El sindicalismo sigue siendo una herramienta inmediata de agrupación obrera, la cual debe tener orientación libertaria y revolucionaria para tener viabilidad en un marco de lucha anticapitalista. Tampoco estoy de acuerdo con apoyar acriticamente todo sindicalismo o hasta el anarcosindicalismo, pero no se puede desconocer el legado histórico y clasista del sindicalismo revolucionario.

      El sindicalismo jamás puede ni debe ser el fin ni el germen reorganizador de la sociedad futura, pero puede y debe ser una herramienta más de organización que sirva como base para objetivos mayores.

      Saludos!

      • Humberto Ankli López Amida said, on mayo 2, 2009 at 9:18 pm

        Saludos.

        ¿Y estos textos no son interesantes? Habría que hacer un recuento histórico de las implicaciones del sindicalismo, y superar los juicios sin análisis histórico y programático, que sería lo más adeacuado.

        Has mencionado que las “políticas libertarias” desde la base son reales y concretos. En el presente volante de los compañeros del GSL, se da una propuesta en concreto: la negación del sindicalismo como herramienta de lucha clasista y proletaria.

        La propuesta es concreta y real: la organización autónoma, combativa y clasista del proletariado.

        Esto amerita ya un debate más profundo, explorando por el trayecto histórico del sindicalismo y cómo ha sido una herramienta de la burguesía para reprimir la verdadera lucha proletaria, cómo se ha convertido en el catalizador de la sociedad dividida en clases y cómo ha luchado no por la destrucción del Estado y Capital, sino por su funcionamiento.

        Los sindicatos no son órganos revolucionarios. Los que se hacen llamar “democráticos y autónomos” no son más que sindicatos reformistas que no trascienden de allí (los compañeros bien mencionan al respecto de las reivindicaciones naturales del proletariado, pero que trascienda y se convierta en una clase para sí).

        ¡Salud!

  2. Ricardo Fuego said, on mayo 1, 2009 at 9:23 am

    Excelente texto. Eso sí, falta la propuesta superadora al sindicalismo. Hay que tener en cuenta que los proletarios “no-conscientes” que eligen el sindicalismo como método de lucha no lo hacen por ser engañados, hay allí una coherencia principios-medios-fines que necesita ser entendida como tal, sino esto lleva a pensar que la clase obrera actúa de forma alienada por ignorancia y/o estupidez, y no porque esa alienación le “funciona” en cierto sentido.

    La crítica de principios del sindicalismo desde la toma de partido por la autonomía proletaria es algo necesario, pero nuestra intervención en la práctica debe partir de los procesos cooperativos reales que se dan en la lucha de clases, y esto exige crear formas de lucha transicionales entre las existentes y las plenamente coherentes con la autonomía proletaria. En este sentido pueden ver la propuesta de la Red de Grupos Obreros, publicada en nuestra web.

    Saludos!

    http://www.geocities.com/cica_web

  3. Luiz Gabriel said, on mayo 3, 2009 at 9:12 am

    Compas,
    Acredito que a posição do companheiro Juan Gomez é a mais acertada, o anti-sindicalismo proposto pelo GSL sem dúvida uma forma de contrabando ideológico com o marxismo conselhista. Além disso, assim como outros textos e posições do GSL possuem um “radicalismo verbal” muito exagerado, próprio de organizações que não possuem um peso real nas lutas populares e não conseguem fazer uma análise mais realista das condições atuais da luta de classes.
    Está é uma crítica fraternal aos compas do GSL. Indico aos compas a leitura das orientações sindicais do ELAOPA, espaço de articulação de organizações sociais em que a maioria das organizações especifistas da América do Sul.

    Saludos desde Brasil.

    • Ricardo Fuego said, on mayo 3, 2009 at 9:29 am

      No se nota la “crítica fraternal” en ningún lado.

      Decir que si un grupo tiene posiciones radicales (y parece que lo radical no es “realista”) es porque no posee ningún peso real en las luchas populares, no es otra cosa que una chicana, un pseudoargumento.

      Además, ¿cómo se define el peso real? ¿Cuantitativamente? Cuando los compas del GSL (o quienes piensen como ellos) sean 100 o 1000, ¿ahí sí van a poder opinar contra el sindicalismo? ¿O para ese entonces se supone que ya habrán “madurado” y habrán abandonado sus posiciones anti-sindicalistas?

      Por otra parte, que el comunismo de consejos tenga posiciones anti-sindicales no quiere decir que cualquier grupo con posiciones anti-sindicales contrabandee ideas del comunismo de consejos. ¿No se te ocurre, Luiz Gabriel, que lo que dicen los compas del GSL sobre los sindicatos tiene algún asidero en la lucha de clases real en México y la intervención de los sindicatos en ella? ¿Estás diciendo que los compas del GSL tienen esa posición sobre los sindicatos sólo porque leyeron a los consejistas? Eso es poco menos que tratarlos de estúpidos.

      Además, tu argumento, Luiz Gabriel, es una falacia lógica llamada petición de principio, porque se basa en la conclusión lógica de una premisa no demostrada: que todas las agrupaciones (pasadas, presentes, y futuras) con un “peso real” (¿?) en las luchas no tienen posiciones anti-sindicalistas.

      Si las actuales agrupaciones obreras más numerosas no tienen una posición anti-sindicalista, ello habla de esas agrupaciones obreras, no del anti-sindicalismo.

      Si quieres refutar el anti-sindicalismo, vas a tener que DEMOSTRAR que sus tesis son equivocadas. O sea, vas a tener que DEMOSTRAR que los sindicatos son herramientas válidas para la autonomía revolucionaria de la clase proletaria.

      http://www.geocities.com/cica_web
      cica_web@yahoo.com

    • Humberto Ankli López Amida said, on mayo 4, 2009 at 7:51 pm

      Saludos.

      Para comenzar, el comentario que has hecho, Luiz Gabriel, no tiene un sustento específico que devenga de una argumentación. Se queda sólo en los juicios.

      El hecho de ser antisindical no quiere decir que se tenga influencia -o, en tus términos, “contrabando ideológico como marxismo consejista”- de posiciones teóricas de otras ideologías.

      Como revolucionarios, debemos de posicionarnos ante lo que consideremos lo correcto, independientemente de si es o no es de proveniente de la ideología “marxista consejista” (tendrías que recordar que Bakunin tiene mucha influencia de Proudhon y cierta de Marx, al respecto de su estudio sobre economía).

      Tendríamos que despojarnos, entonces, de esa perspectiva de limitación teórica, y verificar los resultados de nuestros análisis y confrontarlos con la realidad del momento.

      Acertadamente Ricardo Fuego menciona que se debe considerar este posicionamiento como una postura que proviene de la lucha de clases no sólo en México, sino en el mundo y, como tal, es la resultante de una coyuntura bien específica, y en este caso la cuestión sindical en base a un análisis histórico del inicio, desarrollo y contemporaneidad del sindicalismo.

      Al respecto del “radicalismo verbal muy exagerado, propio de organizaciones que no poseen un peso real en las luchas populares” que mencionas tienen los compañeros del GSL, me parece se puede aplicar a distintas cosas.

      Muchas organizaciones leninistas mantienen el mismo discurso cuando organizaciones anarquistas gritan sus consignas “muy radicales pero nada reales” y, pareciendo que agregándole una tilde para enfatizar, “no tienen un peso real en la lucha de clases y las luchas populares”. Este discurso, además de ser muy relativo, pareciese que está estructurado no para discutir acerca de si el sindicalismo es o no una herramienta del proletariado, sino que quien lo ha suscrito “tiene un radicalismo muy exagerado” y, además, “no tiene peso en las luchas populares”. Esto, además de no aportar al debate fraternal, pareciese más una enunciación de “funcionalidad práctica” basada en la “realidad”. Claro, teniendo en consideración que “realidad” se postula como sinónimo de lo “posible”, y ambos términos con conceptos muy relativos y cuya definición entra mucho en los límites del inmediatismo (sin que por ello se deniegueuin las conqstas que el proletariado pueda ganar en lo inmediato, sino que no busque trascender de allí en nombre de lo “posible”)

  4. David said, on mayo 3, 2009 at 12:55 pm

    Saludos compañeros.

    Estamos de acuerdo en lo que se refiere a los sindicatos pues son estos los principales entorpecedores de la lucha proletraia, son los policias dentro de las fábricas, los que impiden una autonomia real proletaria, historicamente nacieron como producto mismo de la clase trabajadora pero se fue legalizando y tomo parte del capitalismo con sus dirigentes sindicales, historicamente tambien entorpecieron las luchas en rusia, en españa, asesinando a miles de proletarios.

    Creo que es la hora de desmitificar a los demas de lo que nos kiere hacer creer toda esa izquierda del capital y su historia, a desmitificar conceptos objetivos, eso es algo valedero compañeros, k nos ayudará a emprender nuevamente la lucha del proletariado para cambiar su condicion.

    Es hora de organizarnos comenzando por esto mismo, charlas, esclarecimientos.

    Seguiremos en contacto compas

    por el comunismo y la anarquia

    david

  5. Luiz Gabriel said, on mayo 5, 2009 at 9:12 am

    Muy bien.
    Os sindicatos não servem? Ora, então gostaria de saber qual foi a função do Sindicato do magisterio en la revolta de Oaxaca?
    O “radicalismo verbal” (que se resume ao discurso!) não garante a nenhuma organização uma pratica política revolucionária e consequente.
    A los compas del GSL faço uma critica fraterna sim. Ao Cica, creio que é uma articulação virtual de intelectuais marxistas, que não conseguem hacer uma auto-critica mais profunda acerca del marxismo e del próprio Marx.
    Ao GSL pergunto. Vossas posições públicas acerca del zapatismo, fez com que vocês avaçassem em algo concreto en la lucha de classes?

    Saludos desde del FAO.

    • Ricardo Fuego said, on mayo 5, 2009 at 12:15 pm

      Me quedo más tranquilo ahora viendo que se trata de un individuo con los típicos prejuicios anti-marxistas y que ha confirmado que la única política que le interesa es la del posibilismo.

    • Carlos said, on mayo 6, 2009 at 11:53 am

      Compañero Luiz Gabriel, que bueno que tocas el tema de Oaxaca ya que resulta bastante ilustrativo. La distancia es sin duda un factor importante en tu interpretación sobre la función del sindicato en Oaxaca. Cualquier organización revolucionaria en México, incluidas las pro-sindicales, te dirán que la CNTE (corriente “independiente y combativa”) del sindicato charro (como se conoce en México, a los sindicatos “vendidos”, amarillos, pro-patronales) del SNTE, fue el de frenar la lucha que se inicio en Oaxaca.

      Si bien todo inicio con la represión a los trabajadores del magisterio, cuando la lucha se extendió, el sindicato por todos lados intento frenar la lucha, y aquí hay algo importante que remarcar, como decimos en el volante, EL SINDICATO, NO SON LOS TRABAJADORES QUE LO CONFORMAN, SINO UNA ESTRUCTURA DE CONTROL OBRERO. Con esto quiero decir, que no eran los maestros los que estaban frenando el movimiento sino el sindicato.

      Las tendencias pro-sindicales dirán que “no era el sindicato, sino la burocracia sindical”, el problema entonces, para ellos, no es la estructura en si, sino solo Rueda Pacheco que “traicionaba” a los trabajadores del CNTE. (Rueda Pacheco tenia que salir custodiado de las asambleas por que los trabajadores- no solo maestros, sino todos los que se sumaron a la lucha- sabían muy bien el trabajo de contension de la lucha que estaba realizando)

      Lo que habría que preguntarles a las tendencias pro-sindicales mexicanas, es ¿Cómo es que el líder de la oposición “clasista, combativa e independiente” del CNTE era quien “traicionaba” a los trabajadores? La disidencia antiburocratica se convirtió en la burocracia que impedía la lucha.

      En México la CNTE es el principal ejemplo de “disidencia sindical” y en Oaxaca demostró ser un obstáculo para la lucha autentica del proletariado.

      A la brevedad publicaremos una extensión de nuestra visión sobre el sindicalismo.

      Salud y Saludos.

  6. Andres g. said, on junio 6, 2009 at 3:49 pm

    Interesante tema. Por un lado comparto varias criticas al sindicalismo presentadas, pero sale a la vista un asunto distinto. Hay que saber diferenciar la forma del fondo, hay organizaciones de trabajadores que no siendo licitas, se hcen llamar “sindicatos”. Hay sindicatos que caracterizando el periodo creen en la implementacion de la clandestinidad progresivamente para poder tener exito en sus luchas y usan los derechos laborales en la medida que -por el momento existen- para protegerse, estando concientes que no deben de confiar en ellas. Sindicato en donde socios y delegados son detenidos, golpeados y casi matados (Hablo de SINTEC). Hay compañeros sindicalistas que comprenden lo perturbadoramente nocivo que son los sindicatos donde participan, peor tampoco tienen suficiente fuerza para lograr generar un cambio, y estan trabajando para poder acumular fuerza dentro del sindicato para automatizarlo de la legalidad represora.

    Tambien en Chile tenemos experiencias de lucha muy combatias superando la legalidad profundamente, con un muerto en el proceso. Lucha que fue dada por sindicatos, o los trabajadores de dicho sindicato que uniendose a otros sindicatos lograron aunar fuerzas en un organismo no reconocido por la legalidad. Esta lucha – la de los subcontratados forestal- deribo en la no cosntitucion de una organizacion autonoma por maquineos de cupulas sindicales.

    Por eso mismo entiendo la perspectiva de critica del sindicalismo, pero no comparto la tactica a proseguir.

    Creo firmemente q necesitamos luchar con nuestros pares, si es util afiliarse al sindicato, llevar a cabo movilizaciones que superen la legalidad (dejando fuera de si al sindicato como “sindicato” y haciendo del sindicato una orga de trabajadores con autonomia proletaria). Estas experiencias volitiva que se generarian desde la base del sindicato y en pos de su superacion son la tactica para la autonomia obrera.

    Para lograr la autonomia proletaria es necesario dejar en jaque los sindicatos desde la lucha misma (en la ilegalidad) y haciendo de estos sindicatos herramientas reales de los trabajadores.

    En resumen mi postura es:

    Tactica: Generar experiencias de lucha ilegal desde la base del sindicato.
    Estretegia: la superacion del sindicato como ente legal, en una organizacion autonoma del proletariado.

    Es decir la superacion del sindicato como ente burocrata y conciliador de clase. Dejando de ser “sindicato” en el sentido que le da ustedes.

    Saludos desde chile.

  7. Roi Ferreiro said, on junio 6, 2009 at 10:09 pm

    A mi me parece que el rechazo del sindicalismo no es un fenómeno aislado dentro de la clase trabajadora actual. Cualquier trabajador que piense por sí mismo puede llegar al tipo de conclusiones planteadas aquí. Yo, por ejemplo, no llegué a estas conclusiones por la literatura revolucionaria, eso como mucho me ayudó a darle explicación y forma positiva a mis experiencias, así como a contextualizarlas históricamente y desde la perspectiva de clase.

    El problema del sindicalismo es el tipo de estructuras que genera no sólo “arriba”, sino también “abajo”. El sindicato por definición se crea para negociar el precio de la fuerza de trabajo, directa o indirectamente (condiciones de trabajo y demás). Entonces el sindicato prioriza la representatividad, vía aumento de afiliación o vía representatividad institucional. Esto, a la larga, hace que todos los sindicatos, a medida que se desarrollan, “degeneren” en estructuras funcionales a la sociedad capitalista y que son incapaces de articular una comunidad de lucha proletaria, pues su afiliación no se ha fundado ni formado en ese presupuesto, que es el presupuesto de la autonomía proletaria. Quienes sólo quieren mejorar su situación individual en el marco del trabajo asalariado no tienen la conciencia ni el interés en la lucha como clase. De esta manera sólo pueden unirse mediante formas burocráticas, que o bien aparecen desde la formación misma del sindicato o bien surgen de la dinámica de base, en forma de minorías que monopolizan la dirección de las asambleas, núcleos militantes que llevan todo el peso de las tareas, etc.

    Pero hacer una crítica radical del sindicalismo no significa “tirarse al vacío”. Precisamente porque los movimientos de lucha y los sindicatos no son estrictamente lo mismo. Conviene recordar que la mayoría de la clase trabajadora no está sindicada, y que el sector que lo está suele estarlo por cuestiones de utilidad individual o corporativa. Cuando surgen luchas colectivas siempre existe cierta distancia, por pequeña que sea, entre la dinámica de masas y la dinámica de las estructuras sindicales. De modo que nuestras posibilidades de intervención van desde el apoyo crítico a luchas que son necesarias pero están altamente encauzadas por los sindicatos, hasta intentar, cuando sea posible, poner en práctica formas de lucha autónomas e incluso formar núcleos autónomos que aspiren a la permanencia y que en parte cumplan las funciones defensivas del sindicato, pero de otra manera, sobre la base de una verdadera comunidad proletaria.

  8. Andrés g said, on junio 7, 2009 at 12:39 pm

    Comparto lo dicho. Pero de todas formas se nos hace importante analizar la región y el período. Si bien comparto las aspiraciones planteadas por el compañero, y veo por lo general no nocivo de los sindicatos en la lucha. Acá, hay distintos tipos de sindicatos, con distintas perspectivas. Por otro lado, en Chile la sindicalización es diminuta, y la mayor posibilidad de movimiento proletario es a través de organizaciones territoriales que por su misma lógica nacen sin ninguna legalidad.

    A lo que voy con distintos sindicatos, es necesario plantear una lucha con el sindicato en pos de superación a fuerza de la experiencia colectiva de los trabajadores de un lugar, pero esa experiencia puede darse en luchas laborales como de otras reivindicaciones. Tenemos en Chile sindicalistas muy comprometidos con la autonomía proletaria, y ellos mismos se ven envueltos en dicha contradicción, peor a la larga se proyectan en la superación de su sindicato en un organo clandestino de lucha. Ya que los sindicatos combativos que no se puede “burocratizar” en dicho sentido, son brutalmente reprimidos que los lleva a pensar la clandestinidad del sindicato. Ese elemento de experiencia es importante analizar.

    Por otro lado el sindicato ofrece al comienzo una motivación real de defenrse sus interes por parte de un conjunto de trabajadores, habria que saber como afrontar esa situación sin aislarse de los mismos trabajadores. Saber como catalizar las experiencias de superación del sisndicato en organos de autonomía obrera.

    Ahora, en los términos, en la semantica que se le carga al “sindicato”. Para varias personas si les dices “estamos contra los sindicatos” se van a sentir descolocados, el término conocido por distintas personas activias es que el sindicato es un orga de defensa de los interes de los trabajadores, sea ilegal o legal.

    Intentemos ver como nos desenvolvemos en la lucha laboral de los movimientos populares, como afrotnarnos en distintas situaciones frente a al presencia de un sindicato de distintos tipos.

    Lo importante es ir al fondo del asunto, si algún compañero viene y me muestra su sindicato, que sea autónomo, ilegal y de base. ¿No sería esto un organo de autonomía proletaria?

    buen debate.

  9. Ricardo Fuego said, on junio 7, 2009 at 1:40 pm

    Hola Andrés.

    Yo creo que haces demasiado hincapié en la cuestión de legalidad/clandestinidad.

    Lo que se critica del sindicato no es tanto su legalismo (que sí es un corsé para las luchas), sino que es una asociación de trabajadore/as como meros propietarios privados de su fuerza de trabajo.

    Todo sindicato, por más combativo que sea y por más perseguido que esté por el Estado, si persiste en el futuro como sindicato inevitablemente se integrará al Estado capitalista como los sindicatos “vendidos” de ahora. Y todo sindicato “asambleario”, ni bien la masa de afiliados -ya sea por ser derrotada o por conformarse con sus conquistas- deje de participar activamente, se convertirá inevitablemente en un sindicato “burocrático”. Son las relaciones sociales (y el tipo de subjetividad obrera que las sustenta) las que caracterizan al sindicato y hacen de este devenir algo inevitable.

    Al sindicalismo no se lo critica tanto como un modelo ineficaz para las luchas obreras, sino porque limita la cooperación proletaria a la lucha puramente económica, y además tampoco propugna la lucha económica como clase, sino por empresa, rama de la industria o por profesión, de manera localista y corporativa.

    El sindicalismo, con su integración al trabajo asalariado y al Estado capitalista, no sólo divide a la lucha por reformas de la lucha revolucionaria; también divide a la lucha económica del proletariado por profesión o rama de la industria, a la lucha de los empleados de la lucha de los desempleados, a la lucha económica de la lucha política y la lucha cultural, a la lucha de clase de la lucha de género, etc.

    Con todo, la cosa no se limita a “estar en contra” de los sindicatos, pero sí a señalar implacablemente sus limitaciones, y de manera más pública y amplia cuanto más evidente resulta para las masas obreras. Esto en cuanto a la crítica.

    En cuanto a la práctica, necesitamos promover formas de cooperación proletaria que superen el parcelamiento actual (entre empleados y desempleados, entre precarios y garantizados, entre lo económico y lo político y lo cultural) y empezar a hacerlo ya.

    Esto no requiere un uso exclusivo de la clandestinidad (aunque tampoco hay que regalarse a la represión y tampoco hay que descartar los medios ilegales de lucha, siempre evaluando el aspecto objetivo y subjetivo de la lucha en cuestión) ni tampoco requiere -mucho menos- autoexcluirse de la actividad sindical o desafiliarse del sindicato si se está en uno. Sí requiere la formación de núcleos militantes autónomos -dentro y fuera del trabajo- entre aquellos que compartan estas perspectivas básicas (considero a los núcleos militantes autónomos como una organización de compromiso teórico-práctico intermedio, entre las organizaciones de masas y los grupos revolucionarios).

    Para mí la actividad dentro de los sindicatos no excluye el promover acciones que estén fuera del sindicalismo. No con la intención de reformar el sindicato (eso es una pérdida de tiempo y esfuerzo), sino con la intención de aprovechar su marco para construir un verdadero movimiento de autonomía proletaria.

    Claro que habrá un límite en que esto ya no sea posible, y será entonces en que estará planteada la ruptura abierta con los sindicatos. Pero hasta que eso ocurra, habrá bastante por recorrer, pues no es una mera cuestión de formas de organización, sino también de subjetividad y consciencia.

    No queremos hacer “todo lo contrario a los sindicatos”, sino que queremos hacer lo que hacen los sindicatos pero sin sus limitaciones. Esto no lo pueden hacer núcleos militantes aislados, por más claro que tengan sus conceptos y por más fuerza de voluntad que tengan. Deben hacerlo grandes porciones de la clase. Y esto significa que estas porciones de la clase (en la cual nos incluímos) aprendan a realizar las labores organizativas hoy delegadas en especialistas.

    Esto significa que para que la superación del sindicalismo sea un hecho efectivo en la práctica y no sólo probable en la teoría sectores importantes de la masa obrera deben superar la subjetividad que sostiene al sindicalismo, que es -en su versión más avanzada- una subjetividad de clase para el capital más que clase contra el capital.

    Las luchas “salvajes” de ahora, por más radicales que sean en sus métodos, siguen ancladas en la vieja subjetividad de clase para el capital. Su radicalidad se debe a que “sus organizaciones le traicionan”. Y gran parte del abandono y del cuestionamiento al sindicalismo se basa en el desengaño y la desilusión. El viejo movimiento obrero está putrefacto y muribundo (y en gran parte gracias al mismo capital, no a la clase obrera), pero no va a terminar de morir hasta que un nuevo movimiento obrero empiece a nacer. Esto es una labor fundamentalmente creativa antes que crítica. La crítica del sindicalismo debe estar supeditada a la creación de formas superiores de cooperación proletaria, sino, de manera conservadora pero con toda razón, a nuestra crítica del sindicalismo se nos contestará con un “¿y ustedes conocen algo mejor?”.

    Saludos.

  10. Roi Ferreiro said, on junio 7, 2009 at 2:00 pm

    Andrés,

    Sí es excelente poder debatir de estas cosas con serenidad y espíritu práctico.

    Por supuesto, yo creo que nas posiciones sobre el sindicalismo en general no excluyen la necesidad de analizar concretamente cada situación de la lucha de clases. Ninguna es igual que otra, como tampoco todos los sindicatos son iguales. Las generalizaciones solas son siempre una fuente de error.

    No pienso que el tema de la legalidad sea tan relevante. Es más simbólico que real, en el sentido de que las leyes siguen ahí. Legalizar o no una organización o una huelga sólo puede ser una forma de protección adicional, o una expresión simbólica de rebelión (viéndo la inserción en la legalidad como un sometimiento al sistema, lo que es, aunque debería dejarse en segundo plano frente a los contenidos prácticos de la lucha -objetivos, métodos, relaciones con otros sectores, etc.)

    Lo que yo estoy defendiendo es una crítica “consejista” del sindicalismo. Resalto esto porque no presupongo que lo que digo sea asumido por los compas del GSL. Desde mi perspectiva, el problema no son los “sindicatos” en sí, como entes dados, sino el “sindicalismo” como forma de actividad obrera, con sus características estructurales comunes a todos los sindicatos y que también afectan a la forma de lucha en general (subordinación de la lucha a la negociación como fin, en lugar de luchar hasta la imposición de las reivindicaciones y por formas de poder obrero).

    Los sindicatos, por tanto, incluso si todavía contienen un fermento obrero vivo, si expresan un cierto movimiento ascendente o de resistencia de base, se hayan en conflicto con el avance de la autonomía proletaria. Sus demás bases de existencia (la representatividad ante el capital) tienden a disolverse desde el momento en que es la clase la que actúa como tal. Si sindicatos débiles se pliegan a este dinamismo autónomo cuando surge, es por esa debilidad y no por su tendencia natural. Si esto no se tiene en cuenta, se pueden establecer alianzas con sindicatos que contradicen nuestra finalidad.

    Si entramos en contradicciones de fondo, si favorecemos una actitud acrítica hacia los sindicatos, con motivo de no crear tensiones en una lucha, no estaremos ayudando al avance hacia la autonomía de clase. Nosotros podemos introducirnos en contextos muy contradictorios, donde tengamos que lidiar con todo tipo de elementos (personas, ideas, organizaciones, formas de actuar y organizarse, etc.)contrarios a la autonomía proletaria. Ahí tenemos que hacer valer nuestra independencia y capacidad de comprensión transformadora. No hay que confundir tampoco el avance de las luchas en cuanto a sus objetivos inmediatos o su extensión, con el avance hacia la autonomía proletaria -la cantidad o la eficacia con la calidad.

    Andrés, tu inquietud sobre la oposición a los sindicatos me parece de lo más lógica. Yo he tenido mi experiencia dentro de sindicatos, la más importante y última en forma de participación como una corriente autónoma. Pienso que hay que establecer una diferencia clara entre el sindicalismo como forma de praxis obrera (de organizarse, de luchar, de pensar los objetivos de la lucha obrera) funcional al capitalismo, y los sindicatos como estructuras. A su vez, entre los sindicatos según su composición política de clase (el aspecto “ideológico”)y según su calidad de vida interna (dinamismo participativo consciente, vinculación activa de masas, etc.)

    En ciertos contextos y sobre la base de cierta composición política de clase, emergen sindicatos “alternativos”, que presentan inicialmente un dinamismo vivo importante y se mantienen ligados a la dinámica de lucha de clases. Entonces yo creo que es posible mantener una colaboración muy flexible, incluso llegar a formas de participación interna. Pero siempre manteniendo nuestra autonomía sin restricciones relevantes, y condicionando todo ello a una defensa efectiva de nuestras posiciones. Si esas condiciones de dinamismo social e interno se mantienen, es posible que esas luchas que impulsen esos sindicatos o incluso la evolución interna de los mismos puedan llevarles más allá del sindicalismo. Pero esta situación es excepcional. Mayormente lo que puede haber es una escisión del sector más avanzado del sindicato, y luchas en las que la dinámica colectiva rebase los parámetros sindicales. Es decir, la tendencia es más a destruir los sindicatos y construir nuevas formas de organización, que a transformar los sindicatos existentes (que una vez burocratizados y con una base social en los sectores más acomodados, son casi imposibles de transformar más allá de ciertos vaivenes políticos dentro del reformismo).

    Es claro, nuestra tarea es: “Saber como catalizar las experiencias de superación del sindicato en organos de autonomía obrera.” Las posiciones dogmáticas, tipo del Grupo Comunista Internacionalista, que dicen “fuera y contra los sindicatos”, pueden valer para un período, pero no son aplicables indiscriminadamente. Sobre todo teniendo en cuenta que el “sindicalismo” no sólo se hace desde los “sindicatos”, sino que toda lucha obrera desde asambleas o comités generales que se limite a la negociación con la patronal viene a ser no más que “sindicalismo” de masas. Así, el germen del problema no está en los sindicatos, sino en la autoactividad de la clase obrera. De la misma manera que el problema no es el Estado como ente, sino la adopción y sometimiento de la población a las formas políticas jerárquicas y represivas. Los sindicatos o el Estado son sólo un producto de ese tipo de relaciones o formas de actividad sociales, no se pueden superar oponiéndolos sólo o predominantemente a las estructuras dadas. Se trata de cambiar la manera de actuar y de pensar de la gente.

    “Para varias personas si les dices “estamos contra los sindicatos” se van a sentir descolocados, el término conocido por distintas personas activias es que el sindicato es un orga de defensa de los interes de los trabajadores, sea ilegal o legal.”

    Lo que se debería decir es que estamos en contra del sindicalismo y no de los sindicatos como tales, o que estamos por la superación de ambos. Pues no se trata de decir “mejor que los sindicatos no existiesen”, porque entonces ni siquiera cumplirían su función reguladora destinada a evitar el extremamiento de la explotación, el despotismo patronal totalmente unilateral y sin medida. Cumplen en este sentido una función similar a la del Estado en relación a la dinámica de la economía de mercado. De lo que se trata es de construir algo mejor que los sindicatos y de ir contra ellos en tanto se oponen a esto. Pero, actualmente, el mayor obstáculo a la superación del sindicalismo no son los sindicatos, sino la propia clase obrera, su debilidad subjetiva. No nos encontramos, como en los años 20 en Alemania, con un movimiento obrero radical que pretende “pisotear a los sindicatos” y sustituilos por “organizaciones de fábrica” y “uniones obreras”.

    “Lo importante es ir al fondo del asunto, si algún compañero viene y me muestra su sindicato, que sea autónomo, ilegal y de base. ¿No sería esto un organo de autonomía proletaria?”

    Esta es la confusión que tenemos que evitar. Un sindicato ¿en qué sentido puede ser “autónomo”? El sindicato por definición procura el crecimiento indiscriminado de su afiliación, con base en ciertos principios formales y líneas de acción inmediatistas. Este tipo de desarrollo impide la articulación de la autonomía. Además, los esfuerzos de sus miembros por ampliar el sindicato se priorizan sobre el esfuerzo de desarrollar la autonomía de la clase en su conjunto, fomentando sus luchas autónomas. Pues, si esto se asume, en la práctica el “sindicato” no actúa como tal, sino como un núcleo autónomo que funciona como resorte y orientador de las luchas generales.

    Si el sindicato es “ilegal y de base” no altera el problema de fondo. La ilegalidad no determina el carácter del sindicato desde la perspectiva de la autonomía. Una organización ilegal, de hecho, puede tender perfectamente a ser menos participativa y a generar estructuras de dirección autonomizadas frente a la base.

    Estos problemas hay que evaluarlos concretamente y buscar formas prácticas de plantearlos. Pero la “lógica” general de los sindicatos sigue siendo la misma, pues su naturaleza está determinada por su función social. Si se pierde de vista esto se caerá en la confusión entre autonomía obrera y sindicatos de base, que siempre opera en contra de la autonomía obrera y del desarrollo de la conciencia revolucionaria.

  11. Ricardo Fuego said, on junio 7, 2009 at 2:08 pm

    Algo más en general, expandiendo sobre la relación entre subjetividad y forma de actividad.

    A un obrero que sólo esté interesado en ganar su sueldo y todo lo que le pase a los demás le dé igual, la propuesta de superación del sindicalismo no va a interesarle, es más, será hostil a ella.

    La propuesta de superación del sindicalismo sólo interesará a aquellos que ya son conscientes de la necesidad de llevar la lucha de clase más allá. Ya sea porque tengan ideas revolucionarias y estén a favor de la supresión del capitalismo o porque, sin ser revolucionarios, experimentan en carne propia que las formas de lucha actuales no sirven para arrancar concesiones importantes y mantenerlas, tampoco sirven para defender lo que nos queda o hacer cumplir los derechos que supuestamente nos garantiza la constitución burguesa.

    O sea, esta propuesta no interesará ni a la aristocracia obrera ni a quienes su miedo a perder lo poco que “tienen” supere a su dignidad.

    A tal subjetividad corresponde tal forma de actividad. La clase obrera no es reaccionaria porque sea sindicalista, es sindicalista porque es reaccionaria.

    Digo reaccionaria y no reformista porque, si verdaderamente fuera reformista, tendría que luchar muchísimo más que ahora contra un capitalismo que cada vez deja menos lugar a las reformas favorables a la clase obrera.

    Entonces, en cuanto a nuestra actividad de cara a las masas*, la propaganda de la crítica del sindicalismo debe ser parte de un proyecto sustentado en formas de cooperación proletaria que ya sean superadoras del sindicalismo. Y a su vez, quienes estén interesados en tal alternativa no van a ser los “obreros medios” de hoy, sino los sectores más avanzados (no necesariamente revolucionarios).

    Claro que aquí estoy diciendo la mitad del asunto. Tal forma de actividad se corresponde con tal subjetividad, pero la actividad también produce cambios en la subjetividad. Cuando la superación al sindicalismo deje de ser una idea para pasar a ser una práctica (aunque sea minoritaria), esto puede causar un cambio de actitud en quienes acordaban con la idea pero era escépticos sobre su efectivización.

    Así como la confrontación con la patronal y el Estado fuera de los cauces sindicalistas puede llevar a una consciencia bastante más concreta que lo que pueda aportar la teoría del carácter dictatorial de las relaciones de producción capitalistas y de la necesidad y posibilidad de su supresión mediante la actividad revolucionaria del proletariado (quien no se mueve no es consciente de sus cadenas).

    * Pues lo que estamos haciendo aquí es de cara a individualidades y agrupaciones que ya tienen unas mínimas convicciones anticapitalistas.

  12. josep said, on diciembre 24, 2009 at 11:36 am

    Estimados compañeros:
    Los sindicatos han dejado deser defensores de la clase obrera, en 1914, cuando empezarón a reclutar a la juventud para la guerra, cada uno en su pais, desde este momento dejarón de defender a la clase obrera, pues la organizarón para matarse, con sus hermanos de otros paises, los sindicatos se pasarón al campo de la burguesia , para defender a esta,los sindicatos y la derecha e izquierda envenerarón las ideas proletarias, esta especie de partidos y sindicatos le lavarón el celebro a la clase obrera, para que murieran por su patria, la patria de los burgueses, mientras la juventud moria en el frente contra sus proppios hermanos de clase, hay nacio el internacionalismo proletario, la hermandad de los combatientes, que se negarón a matarse unos a otros y abrazarse como hermanos de clase asi nacio el internacionalismo la unión de todos los proletarios y su lucha contra su propia burguesia aquello asusto a los representantes defensores que tuvierón que firmar la paz, pues los soldados heran un solo cuerpo internacionalista, dispuesta a destruir a toda la burguesia de todos los paises.
    PROLETARIOS DEL TODO EL MUNDO ¡UNIOS!
    UN SALUDO INTERNACIONALISTA


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